Diario de un vocal electoral

Posted on noviembre 21, 2011

10


Ser vocal es toda una experiencia, no solo se trata de estar 16 horas en un colegio electoral, si no que como un amigo me dijo ayer: “Podrían haber hecho un reality con todo lo que os ha pasado”.

Para empezar nos encontramos con una de las urnas de la mesa que está abierta por uno de los lados, para evitar problemas se cierra con un alambre enrollado que al acabar la votación nos costó unos cuantos arañazos para quitarlo.

A eso que la mañana va pasando, se nos cuela un pájaro dentro de la sala y empieza a dar vueltas por dentro de la sala; parece que éste venía por parte de las gaviotas para decirnos que no había nada que hacer por mucha cola que tuviésemos.

Que curiosas las señoras que cuando les dices: señora, ya puede votar – Te sueltan: Qué guapo hijo!  A lo que he de responder: muchas gracias, usted si que es guapa! (como si de un programa de ligoteo barato se tratase y los trastos volasen por encima de la mesa electoral).

Entre pájaro y señoras, vivimos la meada de un perro en medio de la sala; la dueña toda indignada corre a secar el suelo con un rollo de papel higiénico que estaba encima de las perchas… aún no entiendo que hacía ese rollo ahí encima y porque la señora no se había preocupado en hacerle mear antes de votar… parece que todo iba de pronósticos para el escrutinio.

¡Qué graciosa la paloma! Exclama un votante. En efecto, otro puñetero pájaro por la sala, parece que el primero se había sentido muy cómodo y lo había propagado por todo el pueblo; aunque la paloma era más tonta que pichote, por lo menos 10 golpes se arreó contra las paredes.

A pesar de eso también que hay que reconocer que mucho mejor esos animales que aguantar a según que personas que nos increpaban por el cambio de orden de las mesas y que por qué no votaban donde siempre, ya habían pasado por 5 mesas y en ninguna estaban inscritos. Bueno señores, ¿Se creen que no tengo nada mejor que hacer que ponerme a cambiar las mesas de orden para liarles y reírme a su costa? ¿Se creen de verdad que los pobrecitos que estamos detrás de la mesa electoral tenemos algo que ver con todo esto? – ¡Os habéis lucido chico! Escuchamos más de una vez decir… Si señor, ¡nos hemos cubierto de gloria!

Entre aves y quejas también está quien te pregunta mil veces en qué consiste eso del senado y que después de pedirte prestado un bolígrafo intenta pispártelo cuando han acabado de poner las crucecitas ¡Eh eh! El boli, que no tenemos más!

A parte de esto no podemos olvidar la hora de espera en la cola para votar y el dolor de mano tras escribir más de 600 nombres en una hoja que a saber quien se la lee… entre esos 600 nombres ¿Cuántas veces escuché el típico: Uuiii, te ha vuelto a tocar (entre risas)? Ja… ja.. ja… si, ¿no me ves? ¡Ya me reiré yo cuando te vea aquí sentado graciosillo!

Con la mano entumecida y la espalda dolorida empezamos el recuento rodeados de representantes de partidos políticos que acechan la mesa cual buitre a la carroña… ¿hola? ¿Qué tal si nos dejáis un poco de espacio? No voy a cambiar los votos (aunque tampoco me hubiese importado hacerlo).

No podemos olvidar los dos tickets de compra que nos encontramos dentro de los sobres, por cierto… a quien corresponda: no parecían camisas de mucha calidad – y alguna que otra papeleta del senado con un mensaje muy claro dirigido a la madre de los políticos.

De entre lo poco gratificante que te puedes encontrar en estos casos, por lo menos tuvimos el placer de ayudar a votar a la mujer más mayor de la zona, 102 años; ¡Qué estupenda está ella! Mejor que yo a mis veinti tantos…