Cuento de Navidad del S.XXI

Posted on diciembre 21, 2011

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Érase una vez, un político corrupto, avaricioso y vanidoso que tenía como deber mirar por sus votantes y por el bien de todos, pero, sin embargo, miraba por su armario y por su bienestar personal.

La mañana anterior a la víspera de Navidad, un ciudadano lo visitó a su despacho para desearle Felices Navidades e invitarlo a cenar, éste rechazó rotundamente la invitación de forma hostil juzgando al ciudadano por su invitación y reprochándole el cómo se había atrevido a entrar así en su despacho oval. Al terminar su jornada y su partida de solitario, un par de caballeros le pidieron que hiciera un donativo caritativo para los más necesitados; no obstante y como era de esperar, se negó y cuestionó la utilidad de los asilos y de las ayudas sociales.

Cuando nuestro político regresó a su casa, sintió que el ambiente estaba especialmente extraño, pero ignorando su intuición, se colocó uno de sus trajes a estrenar y abrió una botella de vino. Cuando éste estaba sentado en un sillón, se oyeron unos ruidos muy extraños, y de repente, un espectro apareció ante él. El espectro en cuestión iba cargado de cadenas, las cuales representaban su penitencia por haber sido mezquino y avaricioso en vida. El espectro le comunicó que si no empezaba a ser transparente con la sociedad y a admitir culpas, estaba destinado a viajar sin descanso una vez falleciese y nunca podría descansar en paz, por ello le daban la oportunidad de cambiar con la visita de 3 fantasmas: el del pasado, el del presente, y el del futuro.

Esa misma noche, al dar la 1:00, apareció ante él el primero de los 3 espectros. Era una extraña figura, como un anciano del tamaño de un niño. Este espíritu se presentó como el Fantasma de las Navidades Pasadas, y le llevó al pueblo de su infancia. Ambos entraron a una casa antigua donde observan a un niño leyendo un libro e imaginándose historias de superhéroes. El político en cuestión sintió enorme gusto y nostalgia al recordar aquellos momentos cuando viajaba con la imaginación.

A posteriori, le enseñó imágenes de antiguos compañeros de trabajo y recordó lo bien que se sentía antes de llegar al poder sin esas ganas de avaricia y egoísmo. Entre suplicas pidió que parase la tortura y regresasen a casa.

La noche siguiente le visitó el Fantasma de las Navidades Presentes, presentándose como el más joven de los 1.800 hermanos que tenía. Ambos cruzaron la ciudad en dirección a la casa de un ciudadano al que se lo estaba haciendo pasar muy mal por sus medidas de austeridad, avaricia y recortes sociales. El ciudadano tenía varios hijos: uno de 9 años, otro de 7 y un último de 3, quien padecía una enfermedad degenerativa. En su casa cenaban pollo al horno y pudín casero, mientras reían y cantaban villancicos alegremente. Nuestro protagonista le preguntó al espíritu si el pequeño viviría, pero éste le contestó que de no cambiar su situación, preveía una silla vacía próximamente.

Al día siguiente, apareció un fantasma muy solemne, el de la Navidades Futuras. Primero fueron a la ciudad y escucharon a varios hombres de negocios hablar de la muerte de alguien y del peso que se habían quitado de encima. Después visitaron la casa de un señor que le compraba a unas mujeres las ropas de un difunto. Finalmente, fueron al cementerio y el espectro señaló una lápida en particular, en la cual estaba inscrito el nombre de nuestro protagonista. El cual se percató que en vida no había hecho nada bueno, solo ser corrupto y pretencioso, con lo que solo había conseguido alegrar a todo el mundo con su marcha a otra vida.