El cine en 3D: ¿rentabilidad o desesperación?

Posted on marzo 5, 2012

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En primer lugar, sí, soy un cinéfilo empedernido y me apasiona hundirme en la butaca a disfrutar de las aventuras y evadirme así de todo lo que sucede de paredes para afuera. Para mí, el cine es una vía de escape y un lugar donde relajarme y dejarme transportar al más allá, a tierras lejanas y a vivir mil aventuras junto a los personajes.

Por eso mismo, no acabo de entender la rentabilidad de la mayoría de películas que actualmente se ruedan en 3D. Entiendo que la tecnología 3D es ese valor añadido que nos pueden otorgar las empresas cinematográficas para convencernos de que paguemos la entrada y disfrutemos de la película en una de las miles de salas de cine de nuestro país. Pero, ¿son realmente todas esas películas adecuadas para ser proyectadas en 3D?

Encuentro que la decisión de las productoras ha venido acontecida como acto de desesperación a la bajada continua de personas que acuden a las salas; o bien por motivos como internet, o bien por el precio abusivo de la entrada; lo que ha provocado un aluvión de películas en 3D para intentar salvar el sector, pero sin ser la mayoría de ellas adecuadas para ello.

El boom empezó con Avatar, donde se recreaba un mundo fantástico con batallas y efectos especiales… y a raíz de ahí, Torrente, El Rey León, La invención de Hugo… ¿son estas películas las más adecuadas para el uso de esa tecnología? ¿Vale la pena pagar 11 euros en lugar de 7,80 por ver una película cuyo 3D no nos va a aportar absolutamente nada y con una imagen que en muchas ocasiones no es ni tan siquiera nítida?

Empiezo a estar un poco cansado de acudir al cine y encontrarme con que el uso de esa tecnología está de moda, muy de moda, pero desaprovechada. Está siendo masivamente utilizada pero sin saber sacar la magia de lo que puede significar un buen 3D.

Hace años, cuando el único cine en 3D que se conocía era el IMAX, con aquellos documentales sobre animales o sobre la galaxia, donde realmente te daba la sensación de viajar por el espacio; esa inversión sí estaba justificada debido a la alta calidad ofrecida. Quién acudía a ver esos documentales era porque quería realizar una inmersión temporal en el espacio y disfrutar con aquella tecnología novedosa. A día de hoy, con un 3D en todos lados (inclusive en los televisores), no alcanza ni las expectativas planteadas ni la calidad que en un entonces tenía.

Podré estar tachado a la antigua en estos temas, pero no, no me convencen las películas en 3D: ni por la calidad, ni por la poca espectacularidad, ni por la incomodidad de esas gafas que se clavan en la cabeza y acabarán provocando deformaciones craneales.