Ansiedad aérea

Posted on marzo 29, 2012

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Entiendo que hay mucha gente que no está acostumbrada a volar, y por ello, pueden tener comportamientos un tanto molestos para el resto de viajeros. Lo que no entiendo es que en un solo vuelo tenga que aguantar muchos de esos comportamientos, más otros de personas que carecen de sentido común y de neuronas en su cabeza de corcho.

¿Por dónde empiezo? ¿Por la que sufre ataques de pánico cada vez que hay turbulencias? ¿Por el “autocar de adolescentes” de viaje de instituto? ¿De los niños llorando repartidos por el avión? ¿O de las patadas y movimientos de respaldo de los que me rodeaban?

Si por una cosa recordaré el vuelo de ayer, no será precisamente por haber sido tranquilo ni apaciguado. Nada más llegar al aeropuerto la cosa ya pintaba mal, un grupo de unos 40 adolescentes en viaje de instituto, acompañados de 3 profesores que hacían caso omiso al escándalo de sus alumnos. Nada más subir al avión, éste se convirtió en un autocar con alas, con gritos y juegos constantes bajo la callada mirada de sus profesores. Una vez despegamos el pasillo del avión se convirtió en un patio de colegio con idas y venidas, cambios de sitios, juegos de cartas con los compañeros de la fila trasera, gritos de las adolescentes histéricas con las turbulencias mientras ellos se hacían los “machitos”; un panorama al que los profesores miraban de forma totalmente pasiva.  Un 10 para los chicos y para los profesores.

En este panorama no podemos olvidar a la chica de mi lado, una treintañera con pánico a volar que cada vez que se movía levemente el avión me agarraba del brazo con todas sus fuerzas… yo la miraba educadamente diciendo, no pasa nada, tranquilízate… aunque en realidad me entraban ganas de gritarle: como me vuelvas a clavar las uñas te las arranco una a una… pero bueno, uno es muy educado. Entre turbulencia y turbulencia se dedicaba a acariciar el respaldo del de delante como si de un gatito se tratara… y entre medio se dedicó a apagarme dos veces el aire acondicionado mientras me intentaba ausentar de todo lo que me rodeaba. Perdón, ¿he dicho ausentar? Quería decir mientras intentaba no matar al de detrás, el cual se dedicó un 80% del vuelo a pagar patadas a mi respaldo, proporcionándome un masaje poco adecuado para un avión; sumado a que el de delante tardó tan solo 10 minutos en reclinar su asiento para detrás, lo que hizo sentirme como una sardina en escabeche en ese avión tan amplio y cómodo.

Los únicos que no tienen culpa, pero no por ello eran los menos molestos, eran los dos niños pequeños que parece que se habían repartido estratégicamente para molestar a todo el avión, uno delante y otro detrás, con unos lloros que no son normales (aún no entiendo como ninguno de los dos se ahogó)…. ¡Qué banda sonora! Y acompañada con el ataque de tos del chico sentado al otro lado del pasillo, él era el percusionista.

El caso es que con vuelos así se me quitan las ganas de subirme a un avión, cada vez que embarco me entra la tensión por saber quién tendré a mi lado y si me dejará volar con tranquilidad, y con la mala suerte que me viene acompañando en los vuelos, la respuesta es clara, NO.