El futuro de los alimentos: la basura

Posted on enero 11, 2013

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En un planeta en el que la población aumenta por segundos y los recursos tanto naturales están siendo más explotados que nunca, hay un alto porcentaje de la población que se sitúa por debajo de los índices de la pobreza, millones de personas que padecen de enfermedades por desnutrición y niños con malformaciones y problemas corporales debido a la baja ingesta de vitaminas, calcio y otros componentes como el hierro, el sodio o el potasio.

Un planeta, en el que se hace apología de la solidaridad y en el que cientos de organizaciones no gubernamentales luchan en contra de la pobreza y para que todos los habitantes puedan tener desde agua potable hasta un plato de comida diario que les ayude a prosperar dentro de su sociedad.

Dicen que la madre naturaleza es muy sabia, y a pesar del aumento descontrolado de la población; los recursos que se ofrecen podrían abastecer sin problemas a todos y cada uno de los habitantes del planeta. Pero, ¿qué pasa cuando el problema más que en la madre naturaleza se encuentra en el sistema y en nosotros mismos?

comida en la basura

comida en la basura

Según un estudio reciente realizado por el Instituto de Ingenieros Mecánicos Británico, entre un 39% y un 50% de las 4.000 millones de toneladas de alimentos que se producen cada año, se tiran a la basura, bien sea por el supermercado o por el consumidor final. O bien, un alto porcentaje de frutas y verduras nunca llegan a ser recolectadas por el agricultor y se pudren en el campo solamente porque su estética puede no cumplir los estándares de la sociedad. En un mundo en el que el número de personas que pasan hambre sobrepasa los 1.000 millones de personas, se están desaprovechando una media de entre 1.200 y 2.000 toneladas de alimentos, los cuales nunca llegarán a la mesa; ¿podemos considerar estos números como un buen funcionamiento del sistema? Los autores del informe recuerdan que, según las predicciones de las Naciones Unidas, la población mundial podría alcanzar hacia el año 2075 unos 9.500 millones de personas, frente a los 7.000 millones actuales. Dos mil quinientos millones de bocas más. Por tanto, el reto será evitar esas pérdidas millonarias en un entorno en el que la presión sobre la tierra, el agua y la energía será muy importante. El estudio considera que mejorando las infraestructuras agrícolas en los países en desarrollo y propiciando un cambio de mentalidad en el consumidor occidental el mundo podría suministrar entre un 60% y un 100% más de comida para atender las necesidades futuras. En este sentido, los autores del trabajo remarcan que los gobiernos de las naciones desarrolladas deberían implementar políticas para promover que los comercios no rechacen productos únicamente por su aspecto y que el consumidor no compre más de lo necesario alentado por esas llamativas campañas. Al final, esas compras de más se acumulan en la nevera y de allí pasan directamente al contenedor.

En el pasado, el Worldwatch Institute de Washington ya expusieron que para acabar con el hambre en el mundo no es necesario un aumento de la producción de comida dado que a día de hoy se producen alimentos para abastecer a 12.000 millones de personas aproximadamente. Lo que si resulta necesario, es el aprovechamiento de los recursos y un cambio de mentalidad tanto en el consumidor, como en los comercios y en los gobiernos, ayudando a la regulación de los alimentos y a una mejora de las infraestructuras en los países en vía de desarrollo para poder mejorar el tránsito de alimentos. ¿Qué pensaríais si un 35% de la pesca es rechazada por poco valor comercial? ¿Acaso estos peces no aportan alimento?

En el momento en el que nos planteamos un mejor aprovechamiento de los recursos alimenticios, no poder olvidarnos de que todos esos alimentos han requerido de una gran cantidad de agua para crecer, gasolina para ser transportados, muchos de ellos han sido envasados en plástico o papel; lo que nos lleva no tan solo a una pérdida de valor alimenticio, sino también a unos esfuerzos en vano y a una fabricación de productos y emisiones extra de ozono a la atmósfera para productos que nunca serán consumidos.