La marca España entra en crisis

Posted on febrero 5, 2013

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Marca España

España, país de contrastes y de una amplia riqueza cultural y una de las principales potencias turísticas a nivel mundial; está sufriendo un demacramiento de su imagen debido al elevado número de conflictos internos que se están sucediendo últimamente en la clase política, monárquica y social en todo el territorio.

Un país con solera, amado por todos los que lo visitan y que es uno de los únicos del mundo en poder ofrecer desde playas paradisíacas, hasta deportes de montaña, un clima de película, una gastronomía única y un patrimonio cultural de primera división. Sin embargo, la imagen del país en el exterior se está viendo debilitada a causa de los representantes que llevan la marca país fuera de nuestras fronteras y están arruinando el esfuerzo de muchos años de crear una Marca España fuerte y consolidada como una de las principales potencias turísticas del mundo.

Es bien sabido que nadie habla de las cosas cuando están bien hechas, cuando se consideran positivas; no crea morbo. Sin embargo, las malas noticias prenden como la pólvora y se expanden a una velocidad mayor que la de la luz a través de las redes sociales y medios de comunicación. Una marca, puede destrozar toda su reputación en tan solo unos minutos; un país, en unos segundos pasa de ser un referente a ser situado en el ojo del huracán por todos los medios de comunicación internacionales por las malas prácticas y su mala gestión.

La imagen de España se está viendo afectada en gran medida por los conflictos de corrupción de los últimos días, y lo peor es que nuestros representantes no son conscientes de la importancia de sus palabras y de sus actos. Cualquier conflicto o problema interno se proyectará al exterior degradando la marca país, afectando al turismo, afectando al gasto y al consumo, o lo que es lo mismo – menos ingresos para un país en crisis que ha necesitado de un rescate para no caer en bancarrota.

Cuando nos encontramos en el extranjero, nos cuesta mucho quitarnos esa etiqueta de vagos, de dormir la siesta cada día, de los toros y las sevillanas. Nos cuesta, pero cuando nos conocen y les explicamos la multitud de cosas positivas y riquezas inmateriales con las que contamos; la imagen cambia de forma radical. Lo que no estoy dispuesto a tolerar, es que uno de los estereotipos con el que se nos califique de ahora en adelante en el exterior sea el de corrupto por culpa de nuestros políticos y representantes; y menos que se nos califique de idiotas por no haber reaccionado en contra de un sistema que necesita un lavado de cara express y al completo.